Cuando eras joven y tu corazón era un libro abierto
Solías decir vive y deja vivir (sabes que si, sabes que si, sabes que si)
Pero en este mundo cambiante en el que vivimos
Te hace renunciar y llorar
Di vive y deja morir
vive y deja morir
Porque te importa a ti
Cuando tienes un trabajo que hacer
Tienes que hacerlo bien
El infierno le tienes que hacer
( Paul McCartney – Live and Let Die)
Una de las causas principales de nuestra mala convivencia es el no saber aceptar los defectos de los demás. Con demasiada frecuencia escuchamos frases como ésta: "no puedo convivir con él o ella, porque es un egoísta, un soberbio o ......"
Y yo me pregunto: ¿no dirá lo mismo aquél de quien dices tiene tal defecto?
La experiencia nos enseña que "no hay nadie sin defectos". Un proverbio latino dice: "El que desee un caballo sin defecto, que marcha a pie".
Efectivamente, todas las personas tenemos una montañita de defectos, los veamos o no los veamos, los perciban quienes nos rodean o no. Por ello, quienes conviven con nosotros tendrán que aceptarnos así, con esos defectos, si quieren que la convivencia sea posible. Eso sí, cada uno tiene que luchar para irlos eliminando. Una ayuda eficaz para conseguirlo es "la corrección fraterna".
Cuando decimos que hay que aceptar a la gente como la gente es, no queremos decir que uno debe aceptar sus defectos como inevitables y contentarse con el "yo soy así".
Tenemos que empezar por ser sinceros con nosotros mismos, atrevernos a enfrentarnos con el espejo y reconocernos tal cual somos. Tarea nada fácil, porque siempre es difícil reconocer los propios defectos, ya que, normal- mente, los amigos no nos suelen decir por no hacernos sufrir y los enemigos se alegrarán de que esos defectos persistan.
Tenemos que ser tan humildes para reconocer que lo más probable es que nosotros nos corrijamos de algunos defectos, pero difícilmente lograremos arrancarlos totalmente. Por ello, si nos acostumbramos a aceptar a la gente tal y como ella es, con sus fallos y defectos, difícilmente podremos llegar a quererlos e, incluso, convivir con ellos.
Uno de los mayores bienes que podemos ofrecer a nuestros amigos, es la ayuda de la "corrección fraterna". Esta ayuda debe nacer de la caridad, del amor. Se sufre al recibirla, porque cuesta humillarse. Y también cuesta el hacerla.
Por nuestra parte, hemos de recibirla con humildad y silencio, sin excusas, conociendo la mano de Dios en ese buen amigo, que se interesa de verdad por nuestra salud espiritual.
Extraido de la web.
Tema expuesto por Anidelfi Rolffot.